| Prof.
Dr. Clemente Ravaglia
Ya de por si misma la atención de pacientes con discapacidad difiere
según la incidencia que ésta tenga sobre el niño y su familia,
haciendo que el odontólogo deba capacitarse para ello en forma
especial, no solo en lo que respecta a la técnica odontológica
sino también al manejo de situaciones que, si bien escapan a la
odontología misma, tienen sobre el resultado final de nuestra
intervención una importancia capital. En esto me refiero a los
aspectos y alternativas psicológicas que se generan en la entidad
nosológica, indivisible, formada por el paciente, su familia,
y la relación con los medios de cobertura social de que ésta disponga.
Fue de la Dra. Maria Ines Egozcue el mérito de haber iniciado
e impuesto, en oportunidad de su actuación como Profa. Titular
de la Cátedra de Odontopediatría de la Facultad de Odontología
de Buenos Aires, de tomar en consideración para el tratamiento
bucodental del paciente niño su aspecto psicológico con todos
los recaudos y cuidados que ello requiere, considerándolos personas.
Es por ello que la odontología y sobre todo la pediátrica, no
puede entenderse sin que sean tenidos en cuenta éstos, y de que
no es un adulto pequeño sino un individuo que está en proceso
de maduración y crecimiento físico, mental, emocional y social.
Cuando pensamos en la atención de niños discapacitados el anterior
concepto se complica en forma equivalente a la profundidad de
la patología de la que son portadores y en especial a su inteligencia
y capacidad mental, pero que igualmente nos obliga a tomar muy
en consideración y tener presente ese primer concepto de ser en
crecimiento, aunque el mismo sea diferente del habitual, del normal.
El crecimiento es el resultado de la
interrelación que se establece entre tres factores:
1) La dotación natural con que el niño
crece: que es lo genéticamente determinado; lo hereditario.
2) Las experiencias primeras entre el
niño y su madre: ya que es ésta quien le dará fuerza
y estabilidad, a través de ejercer un verdadero sostenimiento
de las ansiedades y angustias del bebé.
3) La relación con el medio ambiente:
que puede actuar de dos formas diferentes:
a) Infraestimulando: cuando los padres no pueden ejercer el sostenimiento
del niño debido a su propia inmadurez emocional, cosa que produce
en éstos, conductas de aislamiento y dificultades en su crecimiento.
b) Sobreprotegiendo: cuando loa padres ejercen su sostenimiento
en forma excesiva no favoreciendo las conductas de independencia
e interfiriendo también en el crecimiento del niño.
Lo más arriba expuesto de crecimiento esta referido a los niños
normales, sin alteraciones, dado que en los portadores de discapacidades
estos tres factores ya vistos se interrelacionan en forma totalmente
diversa en lo personal y en lo familiar, lo que nos obliga a los
odontólogos a aprender a ver y comprender que niños y que familia
recibimos en nuestra consulta.
Es importante tomar en consideración la causa productora de la
discapacidad. No es lo mismo los niños que nacen con una malformación,
tal el caso del Mielomeningocele, o la ausencia congénita de uno
o más miembros y los que, en alguna etapa de su maduración o crecimiento
se transforman en discapacitados (Ej. secuela de meningoencefalitis;
traumatismo cráneo-encefálico; artritis reumatoidea juvenil, etc.).
Los que nacen con una malformación llegan a un núcleo familiar
que espera el advenimiento de un niño normal. El que no sea así
causa un tremendo impacto emocional en los padres que se traduce
en sentimientos depresivos, de tristeza; de injusticia; de porque,
a ellos, etc., etc. todo lo cual les hace difícil intuir cuales
son las necesidades de ese hijo. Las madres muchas veces no asumen
la dependencia absoluta que el niño tiene de ellas para su maduración.
En este caso son los padres quienes deberán elaborar esta situación
de duelo, pudiendo y debiendo nosotros colaborar con ellos para
rescatar de la discapacidad y su entorno al niño, queriéndolo
y brindándole lo mejor para su crecimiento, aunque éste no llegue
a ser el tradicional o similar al de otros niños sanos.
Diferente es el planteo cuando la discapacidad se produce en el
segundo caso por cualquier causa en un niño normal.
En esta situación todos los componentes del grupo familiar sufren
un impacto emocional difícil de procesar. Las emociones que priman
son las angustias, la ansiedad, el temor y el desconcierto, apareciendo
una actitud verdaderamente traumática que debe ser procesada y
tratada.
Una primera instancia estará dada por la emergencia de un estado
depresivo en los padres que añoran al niño que tenían y que con
esfuerzo se tienen que conectar al mismo hijo pero con las nuevas
características, lo que es tremendamente doloroso y que debe tener
un tiempo lógico de elaboración con ayuda psicológica adecuada.
Es aquí cuando debemos tomar en consideración las conductas de
las diferentes edades de maduración, pero siempre teniendo presente
que en un niño con discapacidad estas edades o pautas madurativas
pueden ser alcanzadas en ese momento, después o nunca, como en
los casos severos.
Todo lo considerado hasta el momento demuestra fehacientemente
la íntima relación que debe existir entre la faz psicológica y
el tratamiento clínico-odontológico cuando debemos tratar a pacientes
portadores de discapacidades y que debe ser de total manejo y
responsabilidad del profesional odontólogo.
Este debe ser quien solicita, cuando su criterio así se lo indica,
la colaboración del psicoterapeuta para llevar a cabo un tratamiento,
sea actuando sobre el paciente, los padres o sobre ambos según
proceda.
Considero muy necesario hacer una salvedad para aclarar mejor
el concepto de lo que debe considerarse atención de pacientes
con discapacidad en la justa importancia que ello tiene.
Las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud son
coincidentes en que las estadísticas demuestran que el 10 % de
la población mundial es portadora de discapacidades de distintos
tipos y gravedades, por lo que médicamente se los denomina pacientes
discapacitados.
Son ejemplo de ellos : pacientes que padecieron poliomielitis
y a los cuales le quedan diferentes trastornos motores que interfieren
su movilidad. Pacientes con Síndrome de Down, donde el mayor porcentaje
(cercano al 70 %) presentan un retardo mental compatible con la
comprensión de las indicaciones que se le dan, que solo requieren
cariño y paciencia para su tratamiento y que en la actualidad,
a la luz de los nuevos métodos y enfoques psicológicos y psicopedagójicos,
la mayoría podrían ser atendidos en consultorios comunes, donde
se atienden otros pacientes o sus familiares, integrándolos a
la odontología en la misma forma que se está haciendo con muchos
de ellos al integrarlos a la educación en escuelas normales.
Pero desde el punto de vista eminentemente odontológico, para
su atención buco-dental solo una parte de éstos presenta inconvenientes
de diverso tipo, estando estos inconvenientes ligados en su mayor
proporción a los déficit de inteligencia, en algunos casos materialmente
total o a problemas motores o médicos.
Los niños que padecen un grado profundo de retardo mental, junto
a alteraciones sistémicas de orden físico general; los portadores
de serias lesiones motoras de origen cerebral (Disfunciones Cerebrales
diversas), medulares o portadores de síndromes complejos donde
es necesaria la actuación de un equipo, no de un odontólogo, etc.
deberán ser atendidos en consultorios mediante, técnicas especiales,
criterios especiales, personal especializado, tiempos operatorios
especiales, con técnicas de abordaje también especiales.
Los pacientes afectados por trastornos psiquiátricos y neuro-psiquiátricos
(autistas, psicóticos, etc.) y una cantidad de patologías a los
que no es posible atenderlos si no es por profesionales que conozcan
su manejo tanto físico como psíquico y con la colaboración de
un equipo donde todas las pautas de su atención están cubiertas,
en especial las psicológicas en la medida de lo posible y por
psicoterapeutas expertos.
A todos estos pacientes los definimos, desde hace ya varios años,
como Pacientes Especiales
y son ellos los verdaderos pacientes problema, los que son rechazados
de la mayoría de los servicios y consultorios donde concurren
con la esperanza de recibir atención a sus necesidades buco-dentales,
incluso de algunos que dicen atender pacientes discapacitados.
Estos Pacientes Especiales,
de ese 10 % que Naciones Unidas da como promedio estadístico total
de la población discapacitada, solo llegan a cubrir el 3 al 4
% , porcentaje bajo comparativamente pero sumamente importante
llegado la hora de su atención.
Es sobre ellos que para darles el debido tratamiento, se comienza
a manejar la posibilidad del uso de Anestesia General como solución
milagrosa, olvidando los problemas que conllevan asociados cuando
no se estudian a fondo las posibilidades o conveniencia de su
aplicación, en función de necesidad para el paciente y no como
comodidad del profesional odontólogo o servicio que representa
o de los padres del niño. Cuando ello se analiza como corresponde,
está demostrado que llegan a 6 o 7 los que deben ser sometidos
a esa terapia de cada 100 pacientes especiales, estando dada la
indicación o conveniencia muchas veces en razones de lejanía con
la residencia habitual o indicaciones de orden medico, donde en
una sola sesión es conveniente hacer todo el tratamiento.
A los otros, con paciencia, el deseo de atenderlos y los elementos
técnicos, recursos humanos necesarios y maniobras y conocimientos
clínicos adecuados, también se los atiende sin mayores problemas.
El " no se puede atender " denota por parte del odontólogo en
forma inequívoca, la ignorancia de como hacerlo o el temor a improvisar
por lo menos un camino de solución al problema. De ahí que cuando
se reciba a un paciente portador de una discapacidad, cualquiera
que sea ésta, es necesario tener como premisa que debe intentarse
algo, que siempre va ser mucho frente a lo poco o nada que habitualmente
se le hace. Luego, mediante la correspondiente derivación o deseo
de profundizar el tema se completará la tarea.
Muchos de estos niños carecen completamente o si la tienen es
imposible determinarlo, de inteligencia o de una personalidad
psicológica apreciable, lo que hace imposible a veces incluirlos
dentro de un determinado tipo de paciente para su abordaje , por
ello o por las modificaciones de su conducta debido a lesiones
neurológicas. Es el caso de pacientes convulsivos o con movimientos
espásticos u otro tipo de alteración, pero sobre todo con un grado
de Retardo Mental de mediano a grave.
Es en estos pacientes donde la psicología se torna materialmente
inaplicable debiendo en cambio utilizar a veces diferentes tipos
de contención de abordajes que limiten, NO que impidan
sus movimientos, y que de alguna manera lleguen a producir relajación.
Al respecto se pueden poner en práctica diferentes maneras de
limitación o contención que van desde la manual, efectuada por
la mamá o nuestra asistente pasando por la auto contención del
paciente, la realizada por medio de aditamentos simples de fijación
al sillón dental interfiriendo movimientos que nos obligan a utilizar
nuestras manos y terminando en la llamada contención química por
medio de sedantes indicados por el médico tratante del paciente
a nuestro pedido y la anestesia general.
Quiero hacer especial mención en la no utilización, por lo menos
del Papoose Board o el Pedi-Wrap que se usa en algunos países,
por el efecto traumatizante que consideramos tienen en los pacientes,
cualesquiera de ellos que sean.
Todo lo anteriormente dicho en esta comunicación forma parte de
lo que he llamado Metodología para la Atención de Pacientes con
Discapacidad o Especiales, por lo tanto puede ser modificada o
mejorada por cualquier operador según su propio concepto de la
problemática, pero sobre todo según el conocimiento que de la
patología de la que es portador se tiene y de la apreciación del
entorno, familia y grupo comunitario de ayuda social que estos
tengan.
Prof. Dr. Clemente Ravaglia
Jefe del Servicio de Odontología
Instituto de Rehabilitación Psicofísica
Del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
Año 2001
E-mail: cravaglia@arnet.com.ar
El Dr. Clemente Ravaglia
se graduó en el año 1955 en la Facultad de Odontología de la Universidad
de Buenos Aires. En esa casa de altos estudios se doctoró y desarrolló
actividades docentes por más de 30 años.
Durante su paso por las Cátedras de Ortodoncia, Prótesis Restauratriz
y Odontología Integral Niños, ocupó todos los cargos de la carrera,
siendo Docente Autorizado y Profesor Regular Adjunto (retirado)
de la última, poniendo siempre de manifiesto su interés por buscar
soluciones a los problemas generados por la salud buco-dental
de la niñez.
Pero fue su ingreso al entonces Instituto Nacional de Rehabilitación
del Lisiado (actual Instituto de Rehabilitación Psicofísica de
Buenos Aires) el que marco en forma inequívoca el camino por el
que, dentro de la profesión, debía caminar y sigue caminando:
la atención odontológica de los niños y pacientes portadores de
alteraciones psicomotoras de orígenes diversos en sus tratamientos
de rehabilitación.
Y exactamente esa dualidad en sus tareas, la universitaria y la
hospitalaria, fue la que permitió desarrollar sus actividades
en forma docente-asistencial desde hace más de veinticinco años,
atendiendo a pacientes discapacitados y tratando de motivar en
la misma tarea a profesionales y alumnos de la carrera.
Con tal fin a dictado cursos, conferencias, escrito trabajos y
concurrido a eventos de la especialidad en el país y en el extranjero,
donde además fue en busca de soluciones a los problemas de nuestro
país en ese tema.
Su trabajo
"Odontología
para niños discapacitados. Metodología para su atención."
pretende ser una continuación en su tarea de difusión de la odontología
desarrollada en pacientes especiales y una ayuda para quienes
quieren iniciarse en esa orientación.
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