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Prof.
Dr. Eduardo Ceccotti.
El cáncer oral es una enfermedad cuya prevalencia es del 5% con
respecto a otras localizaciones.
Constituye una patología con implicancias psicosociales y económicas
importantes, ya que, de acuerdo con los registros, los casos llegan
a la consulta en períodos avanzados y demandan tratamientos costosos,
imposibilitan el reintegro al trabajo en el corto plazo e implican
problemas de adaptación social, debido a que, en muchas ocasiones,
requieren tratamientos mutilantes.
Según datos estadísticos, sólo el 15% de los casos son diagnosticados
en etapas tempranas, mientras que el 85% restante concurre en
períodos avanzados, lo que ensombrece el pronóstico.
Sobrevida
La sobrevida del paciente con cáncer bucal depende, entre otros
factores, del momento del diagnóstico, la localización y el tratamiento
correcto. Hay consenso en afirmar que, en lesiones menores de
2 cm. y sin adenopatías regionales, con tratamiento, el 75% sobrevive
a los 5 años. Si la lesión es mayor de 2 cm y hay metástasis regionales,
sólo el 18% sobrevive a los 5 años. Si a los porcentuales de cáncer
bucofaríngeo (5%) les agregamos los correspondientes a la piel
de la cara (5%) y las manifestaciones en boca y cuello de leucemias
y linfomas, veremos que un 15% de los casos de cáncer pueden ser
vistos en sus primeros estadíos por un odontólogo.
Causas en la demora de un diagnóstico
Es sabido que la cavidad bucal, por su ubicación anatómica, es
de fácil inspección, ya que sus estructuras están a la vista en
un examen de rutina realizado por un profesional o con el autoexamen
del paciente. Por lo tanto, a diferencia de otros órganos internos,
cualquier lesión podría detectarse rápidamente. No obstante, como
se dijo, por diferentes motivos, la mayoría de los enfermos llegan
a la consulta en períodos avanzados.
Las causas de la demora en el diagnóstico definitivo pueden atribuirse
a factores inherentes al profesional y al paciente.
El paciente puede ignorar la presencia de la lesión, ya que en
muchos casos, es asintomática en sus períodos iniciales. Por lo
tanto, si no acostumbra a realizar controles de rutina con su
odontólogo, la lesión seguirá avanzando.
En otros casos, el paciente es conciente de su lesión, pero se
automedica o niega su existencia por temor a que en la consulta
le confirmen su sospecha.
Otras veces, la distancia, la inexistencia de servicios especializados
en su área de residencia o factores económicos retrasan la consulta.
En lo que al profesional se refiere, puede ser que, en la rutina
del ejercicio de otra especialidad, no inspeccione las mucosas
o minimice la gravedad de lesiones que considera sin riesgo.
También pude ser que tenga la intención de hacer una biopsia,
pero que la falta de práctica lo lleve a enviar áreas de tejido
no representativas, lo cual significa perder un tiempo valioso
para obtener un informe histopatológico confiable.
En otros casos, los menos, afortunadamente, se pierde el tiempo
con desgastes de prótesis, antibióticos, buches, etc., más allá
del período prudencial de control.
Conciencia preventiva
Se hace necesario, entonces, elevar la conciencia preventiva en
profesionales y pacientes.
Es importante llegar a ellos con información clara y precisa,
para que se instale en los odontólogos la rutina de inspeccionar
la mucosa bucal, y en los pacientes el hábito de visitar al dentista
semestralmente nos solo para revisar sus dientes y encías.
La detección y control de las lesiones cancerizables aseguran,
sin duda alguna, un alto porcentaje de posibilidades de que nunca
se desarrolle un cáncer en ese terreno.
El diagnóstico del cáncer ya instalado, pero sin metástasis regional,
mejora el pronóstico y evita y evita perdidas económicas para
el paciente y el mercado laboral, y, por supuesto, asegura la
sobrevida de aquél.
Se conoce perfectamente cómo se altera una familia y su entorno
cuando uno de sus miembros padece cáncer. Es inconcebible pensar
que, existiendo formas de evitarlo o diagnosticarlo tempranamente,
no se lleven a la práctica del modo correcto.
La información preventiva dirigida a profesionales y a la población
en otros países ha logrado una disminución en la prevalencia y
en la mortalidad de pacientes por cáncer oral.
Existen casos concretos de curación en aquellos pacientes en que
el cáncer oral fue detectado en forma temprana, por lo tanto,
es importante realizar un examen periódico de la mucosa oral,
que puede llevarse a cabo mientras toma la anestesia, lo mismo
que una indicación periódica de una radiografía panorámica para
detectar lesiones óseas.
Actuar o derivar
Tanto en las lesiones cancerizables como en aquellas que ya pueden
ser unos cánceres, debemos usar el sentido común.
Si una lesión no mejora su aspecto clínico en una semana, habiendo
eliminado los posibles factores locales, debe ser biopsada o derivada
a un centro especializado.
No debe creerse que quien recibe al paciente pensará que lo que
se derivó es intrascendente. Aunque la lesión sospechosa resulte
ser benigna, su actitud de derivación es la correcta.
Recordemos algunas señales de importancia para un diagnóstico
oportuno:
Manchas blancas que no se desprenden.
Heridas que no cicatrizan en una semana.
Movilidad dentaria sin causa aparente.
Expulsión espontánea de una pieza dentaria.
Anestesia o parestesia en cualquier sector de la boca.
Asimetría facial progresiva.
Adenopatías indoloras fijas o móviles.
Desadaptación de prótesis.
Cualquier crecimiento localizado de tejidos.
Como se sabe, los hábitos como el cigarrillo y el alcohol
aumentan las posibilidades de desarrollo de precáncer y cáncer.
No obstante, debemos estar alertas con todos los pacientes, sobre
todo con los mayores de 40 años.
Quisimos llegar a nuestros colegas para insistir sobre un tema
que, sin dudas, es terreno del odontólogo.
Es posible que, si todos colaboramos con muy poco tiempo y esfuerzo
inspeccionando con interés la boca de nuestros pacientes, podamos
bajar drásticamente los casos de muerte por cáncer bucal.
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