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Dr.
Eduardo A. Rey
Od.
Sebastián A. Puia
Od. Wulfran Castillo
INTRODUCCION
Cada vez es más frecuente encontrar pacientes que deben manejarse
con terapia anticoagulante crónica, debido a trastornos tromboembólicos
o afecciones cardíacas que así lo requieren, por lo
tanto los procedimientos dentales en estos pacientes son también
comunes incluyendo la cirugía bucal. (2)
Si bien la literatura no muestra casos de implantes en pacientes
anticoagulados, debemos pensar que no podemos privarlos de una de
las mejores técnicas odontológicas disponibles para
la rehabilitación oral, según ha quedado demostrado
en los últimos tiempos a nivel mundial.
Consideramos que tales procedimientos son posibles pero siempre
analizando detalladamente los casos y realizando maniobras locales
y sistémicas de tal forma de aseguramos que no corra ningún
riesgo por su condición sistémica. También
se debe tener en cuenta que este tipo de procedimientos, en esta
calidad de pacientes, sería recomendable que sea realizado
por profesionales con cierta experiencia.
El tratamiento anticoagulante oral es usado comúnmente en
tromboembolismo venoso, fibrilación auricular, enfermedad
valvular cardiaca o portadores de prótesis valvular metálica,
miocardio-patía congestiva o cualquier evidencia de trombo
en prevención de apoplejía y esta indicado en algunos
enfermos después de infarto de miocardio. (1,3,4)
Por la medicación manejada son pacientes con altos riesgos
de sangrado, ya que los agentes de anticoagulación oral (cumarina)
son antagonistas de la vitamina K, la cual es esencial en la síntesis
de la protrombina (factor II) y factores VII, IX, X, reduciendo
los niveles plasmáticos de éstos y por lo tanto la
prolongación del tiempo de protrombina
(PT).
Difieren los autores sobre la relación directa del riesgo
de sangrado con la intensidad de la terapia anticoagulante, teniendo
nosotros una opinión propia, basada en la experiencia. Como
consecuencia, con frecuencia el mismo resultado de PT reflejaba
diferentes grados de efecto anticoagulante cuando se utilizaban
distintas tromboplastinas. Los esfuerzos para solucionar el problema
de la variabilidad en la sensibilidad de la tromboplastina culminaron
con la adopción por la OMS (Organización Mundial de
la Salud) del sistema Razón Internacional Normatizada (RIN)
que a partir de ese momento se transforma en la medida Universal
para controlar los niveles de anticoagulación.
El RIN es:
TP
paciente
(
----------------------- ) ISI
TP
testigo
Donde
ISI (índice de sensibilidad internacional) es una medida
de reactividad de una tromboplastina dada a la reducción
de los factores de coagulación dependientes de Vit. K en
comparación con el preparado de referencia internacional.
Han sido sugeridos, a través de los años, un gran
número de protocolos de atención, desde:
a) la suspensión del tratamiento anticoagulante 2
ó 3 días antes del acto quirúrgico;
b) la disminución de la dosis injerida (ajuste) hasta
niveles subterapéuticos;
c) el reemplazo del anticoagulante oral por Heparina subcutánea
2 días antes de la cirugía, el mismo día y
2 días pasada ésta; hasta en los últimos años;
d) el mantenimiento de niveles terapéuticos de la
droga realizando hemostasia local efectiva.
La decisión acerca del tratamiento a elegir es un problema
medico complejo, en el que se debe incluir la urgencia de la cirugía,
riesgo de trombo-embolismo en ausencia de anticoagulación,
riesgo de sangrado, consecuencias del sangrado, duración
de la hemorragia y posibilidades de control de la misma.
Serias
complicaciones de embolismo, incluyendo la muerte fueron tres veces
más frecuente de ocurrir en pacientes que discontinuaron
el anticuagulante, que las hemorragias vistas en pacientes que no
lo discontinuaron; generalmente, el control de la hemorragia es
un problema menor comparado con una oclusión vascular.
El protocolo más universalmente conocido cuando existe cambio
en la medicación mantiene las siguientes pautas:
Suspender el anticoagulante 3 días antes y el día
de la cirugía. Administrar Heparina subcutánea 5000
u (1 cm3) los 2 días previos, el día de la cirugía
y los 2 días subsiguientes.
Reiniciar el anticoagulante un día después de la cirugía
y después de esto por lo general, se necesita la reacomodación
de la dosis.
Ninguno de estos métodos deja libre de riesgo al paciente
pero el cirujano debe hacer un juicio clínico de riesgo beneficio
entre el manejo estratégico y las complicaciones, también
debe saberse que algunos autores manifiestan que la reducción
o la interrupción de la terapia anticuagulante crónica
conlleva un riesgo potencial tromboembólico en estos pacientes
pero especialmente en aquellos portadores de prótesis valvular.
Los pacientes anticoagulados son portadores de una tarjeta en la
cual debe constar los valores mes a mes de su grado de anticoagulación,
está dada por los valores de KPTT, RIN y Quick; ésta,
debe ser solicitada antes de cualquier intervención odontológica,
para considerar en base al RIN la posibilidad o no de atención.
Por lo tanto, el día anterior al tratamiento, el paciente
debe realizarse un análisis para controlar su estado hemostático.
En los últimos años se ha optado por la continuidad
de la terapia anticoagulante (con valores de RIN de 2.5 a 3.5) y
el uso concomitante de hemostasia local eficiente dentro de los
cuales podríamos tener muy en cuenta: el ácido tranexámico,
la trombina, selladores o adhesivos de fibrina, los cuales contienen
trombina, proacelerina, calcio, Factor XIII y agentes antifibrinolíticos
que inducen a la formación de fibrina local y reducen la
fibrinolisis, esponjas reabsorbibles y la sutura. (2,4,7)
Se ha notado que cuando existe sangrado postoperatorio no necesariamente
es porque esté prolongado el RIN, pero si hay relación
en zonas con severas infecciones o sitios asociados a periodontitis.
(9,2)
PRESENTACIÓN
CLÍNICA
Paciente de sexo femenino, 59 años de edad, con reemplazo
de válvula mitral realizado hace 10 años que se encuentra
con tratamiento anticoagulante, crónica por dicho motivo.
Se presenta a la consulta en un servicio de urgencia por traumatismo
en la zona dentaria anterosuperior, gingìvorragia, hemorragia
labial; en dicho servicio se le coloca una férula acrílica;
abarcando las 6 piezas dentarias antero-superiores.
No se le habla de mayores posibilidades de tratamientos alternativos.
Una semana después del trauma concurre a la consulta. A la
inspección clínica se observa movilidad dentaria de
pieza 2.1 y 1.1. Se toman radiografías periapicales y panorámica
en las que se observan fracturas transversales en el tercio medio
de las raíces de los incisivos centrales superiores.
La paciente realiza otras consultas y regresa una semana después
con diversas propuestas; reconstrucción y ferulización,
endodoncias e implantes endóseos, exodoncias con prótesis
restaurativa removible, etcétera.
Consultado su equipo médico (cardiólogo y hematólogo)
sobre las posibilidades terapéuticas posibles, no dudan en
indicar un tratamiento radical ante la ausencia de garantías
totales de éxito a largo plazo de los tratamientos endodónticos,
pues mencionan priorizar la salud cardiaca valvular a la presencia
de piezas dentarias.
Cuando se hace la propuesta de tratamiento, en esta calidad de enfermos,
se debe tener en cuenta que hay que actuar con el máximo
de efectividad y el mínimo de riesgo, Para esto es necesario
realizar la mayor cantidad de maniobras en el mismo acto quirúrgico
y bajo la cobertura antibiótica indicada.
La decisión de proceder a la exodoncia de las piezas dentarias
afectadas, en estos casos no es sencilla, sobre todo porque la paciente
se preocupaba sobremanera de la estética facial.
Lo sugerible es conversar mucho con los enfermos, y explicarles
sobre los posibles riesgos que se corren de endocarditis bacteriana
, que como es sabido, conllevan a un nuevo reemplazo valvular.
En ocasiones, los pacientes priorizan sus deseos personales por
sobre las indicaciones pertinentes, pero cuando se los ubica adecuadamente
el resultado suele ser positivo.
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