A lo largo de la historia escrita de la humanidad, se reflejan los indicios de una afección generalmente cubierta con un manto de disimulo, pero no por ello menos importante para los que la padecen, dado el rechazo social que implica.
Sin embargo, no ha sido hasta tiempos relativamente recientes que se desarrollaron métodos científicos para investigar y proporcionar tratamientos eficaces para su control.
Diariamente los medios de comunicación tratan el problema y ofrecen soluciones que muchas veces no son sólo inoperantes sino hasta nocivas.
Los colutorios con base alcohólica, por ejemplo, deshidratan los tejidos de la cavidad bucal y causan que los mismos segreguen proteínas plasmáticas que empeoran la condición del paciente. Los olores de origen gástrico, acusados muchas veces de principal causa del mal aliento, según estudios recientes, casi nunca provocan halitosis crónica.
Es necesario por lo tanto investigar el origen de esta afección que está extendida por todo el mundo y que, solo en los EEUU, es padecida, en diversos grados, por cerca de 60 millones de personas.
En la opinión de los expertos en este tema, entre el 85% y el 90% de las halitosis crónicas son de origen bucal, pero no es correcto adjudicar la prioridad de la etiología a las afecciones gingivales. Recientes estudios asignan singular importancia a la acumulación de la placa bacteriana y alimentos depositados en la zona posterior de la lengua.
Las gingivitis significan en un número considerable de pacientes un factor que contribuye a la halitosis crónica, y por lo tanto deben ser tratadas también eficazmente. A fin de que el odontólogo pueda determinar con precisión el origen del mal aliento, se utiliza un instrumento que capta las emanaciones odoríferas, llamado "Hallmeter"; éste detecta los gases sulfúricos volátiles (V.S.C., por sus siglas en inglés), compuestos por sulfuros y metilmecaptano.
El tratamiento incluye la utilización de compuestos que contienen alguna clase de dióxido de Clorine o la combinación de éste con formas alteradas químicamente de tipos de Oxiclorine y también compuestos de Cinc. Los V.S.C. son entonces químicamente trasformados en compuestos inofensivos, sin olor por el uso de pastas dentífricas y colutorios que contienen estos tipos de Oxiclorine.
Los tratamientos pueden incluir limpieza de la lengua con instrumentos diseñados para remover la capa, lo cual no solo elimina los factores que producen el mal aliento, sino también disminuyen la cantidad de placa en la boca, beneficiando así a los tejidos gingivales.
Si existe enfermedad periodontal, las bolsas han de ser tratadas, a fin de eliminar las bacterias causantes de la infección en ese lugar.
Este tratamiento puede suprimir las bacterias productoras de enzimas colágenas que destruyen el colágeno de los tejidos gingivales. En los EEUU se utilizan dos productos, el "Oxyfresh" y el "Periostat", con buenos resultados. Una ayuda adicional la pueden proporcionar los irrigadores bucales, que lanzan agua con una pequeña carga eléctrica, que el paciente no siente, y que contribuye a reducir la placa en las zonas radiculares.
Según afirma el Dr. Richard D. Downs, DDS, de la "American Breath Specialists", la combinación de los medicamentos nombrados y las irrigaciones tornan efectivo el tratamiento de la halitosis crónica.