Un artículo publicado en Nueva Zelanda trae a nuestra memoria
un tiempo en que las restauraciones de oro eran utilizadas con
frecuencia por la mayoría de los odontólogos.
Ellas han sido sustituidas por restauraciones más estéticas, como
las porcelanas y composites, o por metales de mucho menor costo.
Consideramos de interés para los colegas que no ejercieron en
esa época este repaso de algunas de las virtudes de las aleaciones
de metales nobles.
Dado que el oro, pese a sus virtudes de durabilidad y estabilidad,
resulta demasiado blando para el esfuerzo al que lo somete el
acto masticatorio, se lo une otros metales, en proporciones variables,
como el platino o el paladio, que le confieren mayor rigidez.
Si bien su agregado aumenta el punto de fusión de la aleación,
el platino sufre un proceso de expansión, y el paladio está prohibido
en algunos países por su toxicidad.
En algunos casos, para disminuir el tono plateado que estos elementos
dan a la aleación, se agrega cobre, pero esto da un tono rojizo
al metal, y es tóxico, además forma burbujas en la aleación. Para
contrarrestar el color y las burbujas, se agrega plata, o zinc,
que en pequeñas proporciones no es tóxico y elimina las burbujas.
En resumen, se pueden confeccionar prótesis en aleaciones de oro
en aquellos pacientes que lo prefieren por brindar una sensación
similar al diente natural, y que se quejan que la porcelana, pese
a sus cualidades estéticas, les da la sensación de "más dura".
En cuanto al costo, depende del valor del oro, aunque en muchos
países, al ser más fácil de trabajar, el costo del oro es similar
a las porcelanas.
Es entonces aún una opción válida, donde la estética no es importante,
la utilización de las aleaciones de oro.